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recuerdo desde el retrete de un café

Escribo este recuerdo desde el típico baño de cafe en el subterráneo. Paf, se apaga la luz de ese típico interruptor con temporizador. Segunda vez, ahora ya tengo la luz del teléfono para achuntarle al interruptor. En la primera me quedé completamente a ciegas con el miedo de tocar alguna traza de caca ajena. Tercera y cuarta vez cagando y escribiendo. Quinta, me paro (teléfono apagado), nuevamente a ciegas y ahí haciendo tacto a la muralla tocando el tambor blanco que sostiene ese rollo de confort gigante y eterno que por muy enorme que sea siempre hay que verificar que tenga suficiente metraje como para una emergencia.

Y el recuerdo viene. No, esta historia no pasó en ese baño. Se recordó en esa profundidad como tantos recuerdos de caca te asaltan la mente en un baño que no es propio.

El recuerdo viene de la película que vimos el fin de semana en familia. Sobrina incluída. Pequeña pausa de interludio, me paro a tirarme el peo aguantado durante toda la primera parte de la película y plaf! El muy rancio salió acompañado. Una plasta perfecta se resbaló junto al gas (véase OEND). Precisa. Aprovecho el envión y se fue colada. Aunque atajada por el slip. Yo: “mierda será que salió lo que yo creo que salió?” Tacto intermedio entre pantalón y calzoncillos confirmaron el desmadre. Una masita de unos 2 a 3 centímetros de diámetro colgaba entre piernas. Sobrina en el baño, no podía ser tan sucio de volver a sentarme a ver la película con una plasta en el ano.

Tomé la dirección del baño, agarré unos pañuelitos en la pasada y, en una maniobra a medio bajarme los pantalones, extirpé el objeto extraño de mi ropa interior y lo deposité en el tacho de basura en un envoltorio compacto de papel. Y así siguió la película. Luego de tan acontecido interludio.

Hasta que más tarde volví a buscar a buscar el paquetito para evacuarlo por donde se debe: el retrete.

 

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