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Sobre el papel de armenia

Hoy he decidido darle un toque de elegancia al contenido caca-marketero de la revista.

Es el papel de armenia que hace tiempo tenía guardado y que hace el mismo tiempo le había hecho regalo a mis hermanos del sillón de cerámica.

Es cierto, no había encendido la humareda que sanitiza el acompañamiento hedoroso de una pasada por el templo. Este milagro que emana de lo que es antes papel y luego ceniza.

El pasar de visitas por la casa me incitó. Claro, tenemos baño único en el hogar. Compartir olores con la pareja, es más o menos cotidiano, o al menos hay que ser demasiado pudoroso para tirarte un peo y hacerte el imbécil cuando a ese alguien le prometiste amor eterno. Tirarse un peo hediondo en el radio de oxigenación de un prójimo, no es amor. Menos lo es, no avisar que el baño lo dejaste pasado a mierda. Por ejemplo, justo antes de que el compañero, visita o cónyuge se vaya a lavar los dientes.

Bueno, ese aire denso de flato de alcantarilla se mezcla con el humo del papel de armenia. Se mezcla y se desvanece. El resultado es que el templo, donde culmina el llamado de la naturaleza, queda con olor a santo a incienso o no sé que cresta pero no a caca.

Ese humo, esas densas volutas y cintillos grises de aire armenio, me han hecho reflexionar sobre ese aseo ambiental del que he sido mentor este ultimo tiempo. Ahora entiendo a los fumadores mirando el humo que exhalan. La pregunta siguiente será para mi compañero, qué reflexión digestiva le induce un pucho mientras mira su humareda?

 

 

 

2 Comments

 

  1. jose manuel castillo de la jara 29 enero, 2015  13:55 Responder

    Jajajajajaja muy bueno
    Quiero ese papel

    • Managing Editor
      Managing Editor 2 febrero, 2015  6:48 Responder

      recomendamos http://papierdarmenie.fr/shop/es/

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